Tintas. Sobre la muerte.
Bitacora del Navegante. Tintas.
Donde no hay mas allá, la conciencia se desespera acorralada frente al destino inmóvil de su cuerpo. Los músculos responden sólo a la órden última de la gravedad: son la gravedad, y el movimiento es un esfuerzo contra toda la naturaleza.
El peso es la jaula que se desparrama sobre el ser. Pesamos hasta el mismo infierno. Y por eso el cielo.
Levantar el pulgar no es un síntoma de vida, sino la confirmación íntima de la propia muerte. En esa frontera inevitable la respiración es un sacrificio para ganar un lugar privilegiado a la hora del ocaso. Hay que merecer todo en la vida, incluso morir: o es el mérito o la fortuna quien decide quién está muriendo, y quién ha muerto.
Para una burbuja de perplejidad envuelta en la piel de un tomate maduro, la corrupción es el único escape.
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