jueves, noviembre 18, 2010

Descontexto. El lobo de mar.

Bitacora del Navegante. Descontexto.



"...Se sentó y comenzó a hacer su sencilla toilette. Soltóse la cabellera que se esparció como una nube de color castaño, cubriéndole el rostro y los hombros. Delicioso cabello castaño, lleno de humedad! Hubiese deseado besarlo, dejarlo enroscarse en mis dedos, hundir mi rostro en el. Me extasié contemplándolo hasta que el bote al correr cara al viento y el aleteo de la vela me advirtieron que estaba descuidando mis deberes. He sido siempre idealista y romántico, a despecho de mi naturaleza analítica, y sin embargo nunca hasta entonces había comprendido las características físicas del amor. Siempre había sostenido que el amor de hombre a mujer era algo sublime, relacionado únicamente con el espíritu, un lazo espiritual que atraía y encadenaba las almas. Los lazos de la carne tenían poca importancia en mi cosmos de amor, pero ahora estaba experimentando por mí mismo la dulce lección. El alma se transmutaba, se expresaba por medio de la carne; la vista, la sensación, el roce del cabello de la amada, eran aliento, voz y esencia del espíritu, tanto como la luz que irradiaba de sus ojos y los pensamientos que salían de sus labios. Después de todo, el espíritu puro era impenetrable, era algo que se adivinaba, que se presentía unicamente, pero que no podía expresarse con palabras propias. Jehová era antropomórfico, porque podía dirigirse a los judíos en términos que ellos comprendiesen; así le concebían a su propia imagen en forma de nube de columna de fuego, de algo tangible, físico, que pudiese alcanzar la mente de los israelitas.
Y así contemplaba yo el cabello castaño de Maud y le amaba aprendiendo más de amor que poetas y cantores me habían enseñado a través de sus cantos y sonetos. Se lo echó hacia atrás con un movimiento rápido y diestro y apareció su rostro sonriente..."




"...Al cruzarse Maud Breuster en mi vida, parecía haberla transformado. Después de todo, creo que es mejor amar que ser amado, puesto que introduce en la vida algo tan valioso que nos permite afrontar la muerte sin repugnancia. Me olvidé de mi propia vida por el amor de otra vida; y a pesar de ello, tal es la paradoja, nunca había deseado vivir tanto como ahora en que daba tan poco valor a mi propia vida. Nunca había tenido tantas razones para vivir como entonces, fue mi último pensamiento; y después, hasta que me dormí, contentéme tratando de penetrar la oscuridad hacia el lugar en que sabía se hallaba Maud, acurrucada en la popa, atenta al movimiento de las olas y pronta a llamarme en el primer instante de duda."


El Lobo de Mar

Jack London